jueves, 23 de enero de 2014

Capítulo trece



Después de aquel momento que a Aeryn le pareció exageradamente corto intentaron planear cómo hacer que sus padres la dejaran marchar en navidades, época familiar. Aunque claro, ella llevaba ya unos cuantos años sin pasarlos en familia. No recordaba haber pasado ningunas navidades en familia, todo recuerdo había desaparecido.

-¿Cómo puedo hacer que lo hagan?
-Olvida.
-¿Perdona?
-Olvida todo lo que has descubierto. ¿Somos adolescentes no? Di que las hormonas te han jugado una mala pasada, que estás perdida y que no sabes qué te está pasando. Compórtate como si no supieras nada.
-No puedes estar hablando enserio.
-Jamás he hablado más serio.
-No puedo hacerlo Harry – lloriqueó ella.
-¿Quieres terminar con esto? – Aeryn asintió -. Entonces tendrás que hacerlo.

No había podido dormir. En su mente seguía pensando en lo que tendría que hacer y todo lo que podría salir mal y seguramente fuera a salir mal. ¿Cómo iban a dejarla ir en navidades? ¿¡Con Harry!? Si le odian. Aunque claro, ella va con “Gemma”.

Se movía de un lado a otro en su cama, pensativa y angustiada, planeadora y asustadiza. Idealizaba escenas en las que sus padres siempre le decían que no. En una de ellas su padre la llamaba loca y le decía que era la decepción más grande que tenía, en otra, era su madre la que actuaba pero no con palabras precisamente. Se retorció. Solo conseguía pensar escenarios negativos en los que siempre acababa dañada hasta que de pronto otro pensamiento entró en su cabeza, quizá siendo aún más dañino que los anteriores. Su cabeza recreó a la perfección la escena en la que Harry la acorralaba en la pared y se acercaba a ella para hacerla callar, pero lo modificaba un poco. En vez de hablar… digamos que se le era imposible pensar en una conversación en aquella escena con Harry.

Se pegó en la cabeza. Era una pequeña inocente ilusionada que soñaba despierta con los labios de Harry. Pero eso era imposible. Harry jamás sentiría nada por ella y lo que era aún más importante, ella no sentía nada por él.

Su despertador volvió a sonar a la hora prevista. Lista para apagarlo y seguir durmiendo recordó la conversación que tuvo con Harry, tenía que hacer como si no pasara nada. Pues la verdad sí que pasaba y en ese preciso momento aún más, le pasaba que tenía que ir a correr y no le apetecía en absoluto.

Se levanto con pesar de la cama y se vistió con su ropa de deporte. Ya era invierno y su camiseta de tirantes había sido sustituida por una camiseta térmica y sus medias cortas por medias de corredor largas. Sus zapatillas azules seguían siendo las mismas.  Salió de su cuarto en silencio para no despertar a sus padres, cogió un vaso de agua, bebió y después salió a la calle enfrentándose a la fría mañana que Boston le ofrecía, casi como queriendo reírse de ella.

Cerró los ojos, respiró con fuerza y de pronto se encontraba rumbo a ninguna parte en particular. Su mente, la cual por algún castigo divino no podía parar de pensar, le estaba jugando una mala pasada. Empezó a analizar cómo haría todo, paso a paso. ¿Cuál era la debilidad de sus padres? La de su madre, verla mal a ella, siempre que Aeryn se encontraba mal o estaba triste, su madre lo pasaba mal. Perfecto porque, ¿cuál era la de su padre? No, no era ella misma, era su madre, Margarett. Era un círculo vicioso, si ella se encontraba mal, su madre se encontraría mal y por consiguiente, su padre. Así que ahora mismo su mejor arma era ella misma.

De vuelta a casa empezó a pensar a razón por la que “estaría mal” sin ser la razón aparente, que era la que intentaba ocultar. Odiaban a Harry ¿no? Pues ya tenía una buena baza en su mano, aunque odiarían aún más a Harry.

Llegó al portal de su casa y paró. Era el momento. Aprovechó su exagerado conocimiento de fisuras, torceduras y derivados por sus clases de anatomía avanzada y se preparó. Esperaba ser mejor actriz de lo que imaginaba, aunque lo de ocultar sus sentimientos normalmente, si así lo quería, se le daba muy bien.  Dejó sus ojos secándose demasiado tiempo, no cerrándolos para parpadear, y empezó a llorar. Perfecto. Entró en casa.

Lo primero que vio Aeryn fue el salón y luego las escaleras. Cojeó hasta ellas sin hacer caso a sus padres, que preocupados miraban cómo su hija lloraba y caminaba con dificultad. Siguió obviando las miradas que le dirigían hasta que al final, hacía la cuarta escalera, su madre no pudo resistirse más.

-Mi vida, ¿qué te ha pasado?
-No me pasa nada, jamás me pasa nada, nunca debió de pasarme nada – dijo sonando todo lo dura que podía aunque dejando notar en su voz el dolor tras aquellas palabras.
-Aeryn, pequeña…
-¡Ya no soy tan pequeña mamá! – su madre se sorprendió al escuchar que volvía a llamarla así -. ¡Ya no soy pequeña y lo odio! – se derrumbó contra las escaleras, sabiendo que su madre subía por ellas y que su padre, aún inmóvil, veía la escena desde la silla de la cocina. Margarett se agachó a la altura de su hija y apoyó sus manos en sus rodillas.
-¿Qué te pasa Aeryn?
-¡No lo sé! ¡Lo odio! ¡Estoy cansada! – lloró con más fuerza, dejándose llevar por sus sentimientos, los cuales en aquel momento no mentían -. Lo odio mamá, solo quiero volver a ser pequeña, a reírme sin motivo, a divertirme con un globo en un parque y ahora ni siquiera puedo andar bien. No puedo volver atrás mamá, no quiero crecer, quiero seguir siendo feliz.
-Mi amor… - Aeryn notó cómo su madre luchaba contra las lágrimas, reteniéndolas -. Ven, voy a ayudarte y me cuentas que te ha pasado ¿si? – la abrazó – Tranquila Aeryn, mi chiquitina…

Y por extraño que se había convertido su relación con su madre, fue como hacer lo imposible, se dejó llevar atrás en el tiempo, dejó su odio hacia ella a un lado y se dejó mecer bajo sus brazos. A la de un rato su madre hizo ademán de levantarse y después la ayudó a ella. Aeryn sin olvidarse de que estaba lesionada, siguió con la actuación y aceptó la ayuda que le ofrecían. Margarett la ayudó a sentarse en la cama y cogió, con sumo cuidado, el “lesionado” pie de ella. Le quitó, también con un cuidado excesivo, la zapatilla del pie y empezó a apretar por diferentes sitios para saber qué tenía mal. Cuando su madre apretó en el hueso del tobillo, debajo de éste, Aeryn dio un vuelco intencionado.

-Uff… ¿puedo preguntar qué te ha pasado?
-Ya lo has hecho – Aeryn miraba por la ventana, sin mirar a su madre, intentando aparentar que estaba pérdida en sus pensamientos, lo cual tampoco era del todo mentira -. Estaba corriendo, como siempre, cuando de pronto un adolescente en bici se ha acercado a mí, como si fuera a atropellarme, para darme un susto. Estaba tan perdida pensando en… pensando en… - volvió a llorar – que no me he dado cuenta hasta el último momento y entonces me he apartado con rapidez y me he caído.

Su madre se quedó callada, analizando las palabras. Después se levantó de la cama y fue hacia el cuarto de baño, de donde trajo una pomada y unas vendas. Empezó a ponérselo con cuidado y Aeryn trató de tensarse cada vez que la venda tocaba la zona afectada. Esperaba con ansia lo que sabía que su madre se moría por preguntar.

-¿En qué estabas pensando?

Aeryn cogió aire con fuerza.

-En que soy tonta mamá. Jamás me dijiste lo difícil que era ser adolescente, jamás me advertiste mamá – volvió a llorar con fuerza, desahogándose -. Y ahora sé lo que es crecer y no me gusta, no me gusta cómo he tenido que aprender a ser mayor. No me gusta lo ilusa que he sido. No me gusta cómo por tan poco he fastidiado tanto y no me gusta saber que voy a tener que vivir con eso toda la vida. No me gusta.
-Mi amor… tú no eres tonta – se acercó, se sentó a su lado y la rodeó con su brazo mientras una lágrima conseguía escaparse de sus ojos -. ¿Qué es lo que en verdad te ha pasado? ¿Cómo…? ¿A qué te refieres con que has tenido que aprender a ser mayor?
-Me odiarás. Me odiarás más de lo que ya he hecho que me odies.
-Yo jamás podría odiarte. Eres mi pequeñita, mi vida, mi sol.
-La he fastidiado mamá. Tanto contigo, como con papá, como con Thomas. La he fastidiado. La he fastidiado por nada.
-Explícate pequeña e intentaré ayudarte.
-Te vas a reír de mí.
-Eso nunca es malo, mientras tú también te rías conmigo.
-Harry.
-¿Harry? ¿El chico que estuvo en casa?
-Sí… Me… me enamoré mamá. Jamás me había pasado, jamás me había gustado nadie y luego apareció él con su perfecta sonrisa, sus hoyuelos, sus rizos rebeldes y sus palabras de sonidos melódicos pero faltos de sentimiento y… caí. Empecé a alejarme de todo el mundo, Thomas se enfadó conmigo, yo me enfadé con él y el mundo entero que me rodeaba. Empecé a alejarme de vosotros y a acercarme más a él sin saber que él solo lo hacía por divertirse y yo fui tan tonta de no darme cuenta mamá. Fui tan tonta… creía que todo lo que había hecho tenía su lógica, una justificación y no la tiene y he hecho que todo el mundo se enfade conmigo – esta vez fue ella la abrazó a su madre.
-¿Te ha hecho hacer algo que tú no querías?
-No. No le he dejado, yo no quería – sus lágrimas se habían convertido en llantos. Se le hizo raro ver lo bien que le salía todo -. No quiero estar aquí mamá, mis amigos me odian y sé que él está por aquí cerca. No quiero estar aquí, ando un paso y me duele, no por el pie, sino porque todo me recuerda a él.
-¿Y a dónde quieres ir?
-Lejos.
-Cariño, tu padre y yo ahora mismo no podemos irnos.
-¿Y en navidades?
-Seguimos trabajando, estamos llenos.
-Pero… da igual. Os esperaré en casa.
-¿Qué ibas a decir?
-Una amiga me invitó a mí y a unas chicas de su clase a su pueblo pero no espero que me dejéis ir.
-¿Quién es tu amiga? ¿Cuál es su pueblo?
-Se llama Gemma, es algo mayor, de un par de cursos más pero siempre me llevé bien con ella y su pueblo… sé que me lo dijo pero no me acuerdo bien… ¿podría ser Winchester?
-Hablaré con tu padre. Igualmente él y yo apenas podremos estar en casa y si realmente te está pasando eso… o mi amor… cómo no me di cuenta… -Le dio un beso en la cabeza -. Soy la peor madre del mundo.
-No, eres lo contrario, eres la mejor. No sé cómo puedes seguir hablándome.
-Porque te quiero.

Su madre se levantó y la dejó en la cama, sabía que hoy le dejaría quedarse en casa, siempre que estaba medianamente mal se quedaba. También sabía que ahora mismo tenía una buena baza para que la dejasen y no podía desperdiciarla así que aunque sus palabras le causaran acidez en la garganta, tomó todas sus fuerzas y dijo:


-Yo también te quiero mamá.

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Sé que no es mucho, pero tenía que pasar. Siento haber tardado, mi vida es un desastre ahora mismo, creerme, ha sido el peor comienzo de año de todos los tiempos.

En fin, que no os quiero aburrir.

-¿Qué os ha parecido?
-¿Qué pensáis sobre Areyn? ¿Sobre lo que ha hecho¿ ¿Hubierais sido vosotras capaces? ¿Se os habría ocurrido?
-¿Creéis que la van a dejar ir?
-¿Qué es lo que más os ha gustado, si es que os ha gustado algo, de este capítulo?
-¿Qué creéis que va a pasar ahora?
-¿Todo lo que ha dicho Aeryn sobre sus sentimientos y Harry... era mentira?

AHORA SÍ QUE SÍ, EL PRÓXIMO CAPÍTULO, (voy a adelantar algo la historia, espero que no os importe, lo veréis próximamente) SI CAE EL QUE YO CREO QUE VA A CAER, OS ENCANTARÁ. Aunque... no sé cuándo podré subirlo, porque dentro de poco empiezo exámenes YUJJUUUUUU

OS QUIERO PRECIOSAS.

lunes, 6 de enero de 2014

Capítulo doce



Volvían a estar sentados en una de las butacas que había en aquella encantadora tienda llamada Charles Chocolate. Sus dos tazas, colocadas en la mesa mientras esperaban enfriarse, lucían aquel precioso color marrón del chocolate y olían a pura maravilla.

Harry se había sentado justo delante de ella. Hablaba sobre algo que ella no conseguía escuchar. Sabía que estaba mal pasar de tu amigo cuando te estaba contando algo pero se le era imposible centrarse en nada, estaba inmersa en sus pensamientos, en aquel beso. Jamás había pensado en Thomas como alguien atractivo para ella. Bueno, atractivo era, era obvio con aquellos ojos y aquel pelo avellanado, altura y musculatura… aceptable. De pronto Harry pasó a un segundo plano, ya ni siquiera le veía mover los labios, ni siquiera veía aquel precioso local. No, estaba en otro mundo, por primera vez se daba cuenta de ello. Todo a su alrededor se había convertido en negro, estaba ella sola en un lugar completamente oscuro en el que solo se distinguían sus pensamientos. Era un lugar infinito, nunca terminaba.

Se asustó. Jamás había llegado tan lejos en cuanto a perderse en su mundo. No conseguía ver a Harry, ni oírle, nada. Se sentía perdida en un laberinto del cual no sabía salir.

-Wow – profirió Harry.

Aeryn no se había dado cuenta pero en su mano levantada se encontraba una de las galletas que habían comprado para acompañar el chocolate. Supuso que Harry se lo había lanzado al ver que no le estaba prestando atención, al ver que se había vuelto a perder en sí misma. Seguramente pensó que así, con una sorpresa, volvería a despertar y situarse junto a él en aquella tienda.

-No sabía que estuvieras atenta a nada.
-No lo estaba.
-¿Entonces cómo has conseguido parar la galleta?
-Es un sexto sentido que desarrollé cuando era pequeña – Aeryn miró a Harry, el cual seguía mirándola impresionado -. Ya sabes que mi madre tiene cierto problema. Cuando me lanzaba las cosas, ya fuera porque jugábamos o porque llegábamos tarde a alguna parte solía hacerme daño así que desarrollé este tipo de defensa. Jamás pensé que lo hiciera tan bien.
-¿Sabes hacer alguna otra cosa que desconozca?
-Nada especial. Al menos no se me ocurre nada.

Se quedaron callados un momento. Aeryn le daba gracias mentalmente a Harry por haberla despertado de su pequeño trance mientras que él seguía pensando lo alucinante que resultaba lo que ella podía hacer.

-¿En qué estabas pensando? – preguntó Harry, rompiendo el breve descanso que se había creado.
-No… no lo sé.
-Oh venga Aeryn. No me estabas haciendo ni caso porque volvías a estar perdida en tus pensamientos, por lo cual, en algo pensabas – afirmó. La verdad es que había poco espacio para dudas con aquello.
-Va enserio Harry, no… no sé en lo que pensaba y de pronto ha sido como si me perdiera.
-¿Vuelves a tener secretos Aeryn? – esta vez sí que preguntó, aun estando bastante seguro de la respuesta.
-Todo el mundo tiene secretos.
-¿Sobre el tema que abarcamos ambos?
-Es un tema que en sí solo me abarca a mí.
-Vuelves a la defensiva – suspiró -. Genial – se levantó de su asiento y no se molestó en mirarla cuando siguió hablando -. Me voy Aeryn. Estoy cansado de que no confíes en mí. Cansado de no saber si mañana me odiarás, si seré como tu hermano y me contarás todo, si seré tu mejor amigo o si me mirarás con completa desconfianza, como estás haciendo ahora mismo. Decídete Aeryn, porque no pienso estar teniendo que cambiar mi actitud hacía ti todos los días dependiendo de cómo estés actuando tú – respiró hondo -.  Si decides confiar en mí te espero hoy a las 20:00 en mi casa y te volveré a contar lo que te estaba intentando contar hace 10 minutos, que para tú información, era algo sobre el tema que te abarca solamente a ti.

Aeryn vio cómo se marchaba sin molestarse en mirarle a la cara, sin molestarse en ver aquella expresión dolida en el rostro de su amiga. Aunque siendo justos ella no tenía derecho a tener esa expresión escrita en su rostro y mucho menos a querer que su amigo, el cual sí tenía derecho a sentirse así, la viera para así sentirse mal con lo que había dicho, que resultaba ser nada más ni nada menos que la verdad.

Suspiró cansada. Volvía a dolerle la cabeza, volvía a sentirse insegura, confundida y por primera vez desde que empezó todo, por muy extraño que pueda parecer, tonta. No se sintió así ni siquiera al descubrir que básicamente toda su vida había sido un engaño, ni al descubrir que su propio mejor amigo le había ocultado algo desde que se conocían, no. Solo se había sentido tonta al saber que le había hecho daño a Harry, al ver su expresión seria, su mandíbula apretada, sus ojos entrecerrados. Le había hecho daño de la peor manera, de la misma que él tenía miedo y se acababa de dar cuenta. Cuando le contó la historia de su padre lo pudo notar, notó que odiaba la desconfianza entre seres queridos y ahora que ella se había vuelto uno de ellos, o eso le gustaba pensar al menos, le había atacado con lo mismo, con la desconfianza.

Ahí se dio cuenta que era estúpido pensar que Harry le ocultaba algo cuando el tesoro más preciado de Harry era la confianza.

Que tonta había sido.

Miró el reloj que la última vez miró Harry y vio que aún tenía tiempo de ir a casa antes de ir a casa de él. Recogió sus cosas, pagó todo y salió de ahí, avergonzada. Avergonzada de haber pensado algo así y sobretodo, aunque no lo quisiera admitir, avergonzada de que Thomas hubiera podido quitarle la importancia que sabía que tenía y se merecía Harry ahora mismo en su vida.

Llegó a casa y como era costumbre sus padres aún no habían vuelto. Aunque algo en su interior le decía que no iban a volver hasta pasada la medianoche como estaba pasando estos últimos días.

Subió a su habitación, dejó su condenada mochila a un lado de su escritorio y se cambió de ropa. Iba vestida con unos vaqueros rotos, una sudadera y unas viejas deportivas de tenis que usaba cuando estaba en el equipo de su viejo instituto. Razonó un poco y pensó que no podía ir así vestida a casa de Harry. Siempre que había ido había sido para recogerle para ir a alguna parte. Jamás había entrado y lo que ahora mismo le asustaba más, jamás había conocido a su familia y estaba segura de que hoy lo haría. Sabía, aunque no fuera por experiencia propia, que los padres normalmente llegaban a casa sobre esa hora.

Se ruborizó al pensar que conocería a la familia de Harry, pero se ruborizó aún más cuando pensó que Harry debía de haber tenido eso en cuanta cuando la invitó. Harry iba a presentarle a su familia y estaba claro que estaba planeado. O quizá no se la presentara, quizá no tendría que saludarles, quizá no estuvieran. Fuera lo que fuese, no pensaba ir con la ropa que usaba para ir al colegio.

Cogió unos pantalones negros básicos, unas botas grises claras que llegaban hasta la mitad de las pantorrillas y un jersey blanco de escote triangular. Normal. No iba formal, pero tampoco parecía que no le importaba cómo vestirse.

Miró la hora y vio que tenía más o menos 10 minutos para llegar a casa de Harry, tiempo suficiente para ir andando. Lo pensó un momento y cogió la foto que tenía de cuando ellos dos eran pequeños, cogió una chamarra de invierno, una bufanda del color de las botas y salió de su casa rumbo a casa de él.

Diez minutos después, más o menos, se encontraba en el umbral de la casa de los Styles. La verdad es que era realmente preciosa. Tenía dos columnas blancas al acabar las escaleras que había que subir para entrar. Una casa de piedra gris y ventanas cubiertas con madera negra. Precioso. Se quedó fuera de la casa, pensando en lo que le diría a Harry al entrar cuando una voz detrás de ella la sorprendió.

-Empezaba a creer que no vendrías – susurró suavemente.

Se giró lentamente, como si le diera miedo enfrentarse a él.

-Yo… lo siento – miró para abajo, evitando su mirada -. Soy una tonta.
-Dime algo que no sepa – bromeó, a lo que ella sonrió.
-Solo espero que me perdones y me comprendas, no están siendo unos días muy fáciles para mí y todo lo que me está pasando, junto a todo lo que estoy descubriendo me confunden cada día más. Sé que no es una escusa para herirte a ti cuando lo único que intentas es ayudarme, no es escusa para herir a nadie. También sé que deberías odiarme pero no sé por qué no lo haces ya.
-No puedo odiarte Aeryn – dijo bajo la mirada de ella -. Pero que sepas que eso es así no quiere decir que tengas inmunidad, aún puedo enfadarme contigo.
-Lo sé – se callaron -. Te he traído una cosa que espero que muestre mi arrepentimiento – Aeryn sacó la foto de uno de los bolsillos de su chamarra -. Es una de las pocas cosas que tengo que me muestran quién soy en realidad. Espero que lo aceptes y que entiendas su significado.
-¿Cuál es?
-Que ya no es solo un tema que me abarca a mí, es algo que nos abarca a ambos. Ahora tienes un trozo de lo que realmente soy. Supongo, como bien muestra la foto, que siempre has sido un trozo de lo que realmente soy.

Aeryn aguantaba con fuerza la situación aunque Harry podía ver la tristeza que mostraban sus ojos, la misma tristeza que teñían sus palabras. Se acercó más a ella y la abrazó.

-¿Cenarás conmigo?
-¿Me invitas?
-Creo que es lo que estoy haciendo – volvió a bromear.
-Entonces acepto – sonrió ella.

Entraron juntos por la puerta. Nada más lo hicieron Aeryn olió la cena que estaban preparando, olió genial, olía lo que una casa  a esas horas debería oler.

-¡Así que tú eres Aeryn! – exclamó una chica no mucho más mayor que ella. Se acercó más a ella y le dio un abrazo y un beso mientras sostenía los platos con una mano.
-Gemma, ¿verdad? – preguntó Aeryn. Nada más preguntarlo miró a Harry con los ojos abiertos como platos, los mismos que tenía él.
-Vaya, no sabía que mi hermanito hablara de mí – Sonrió y se fue a colocar los platos y seguir ayudando a su madre.
-Aeryn, yo jamás te he hablado de mi hermana, jamás te he dicho su nombre.
-Lo sé.

Ambos se miraron confundidos pero no pudieron preguntar nada más ya que la madre de Harry se acercaba para saludar.

-Encantada Aeryn, yo soy Anne, la madre de Harry – le dio dos besos y por un momento se quedó mirándola -. ¿Te he visto alguna vez?
-No… no lo sé.
-Me recordabas a… bueno, supongo que no importa. Espero que te guste el Fish and chips.
-Me encanta.
-Perfecto. ¡Todos a la mesa!

Antes de sentarse en la mesa miró a Harry, el cual aún estaba impresionado pero se reía, seguramente sabiendo lo que ella le iba a decir.

-¿Cómo es que tu familia me esperaba y que hay cinco platos en la mesa? Que yo sepa en tu familia sois cuatro.
-Y somos cuatro.
-¡Harry!
-Estaba 80% seguro de que vendrías. Y tenía la total esperanza de que lo hicieras.

Lo último le hizo sonreír a Aeryn y con esa sonrisa se sentó en la mesa, junto con Harry. Una vez sentados, Robin – nuevo marido de Anne – se presentó y todos empezaron a comer. Hablaban de temas diversos, normalmente preguntas hacia los más jóvenes. Una en particular hizo que Aeryn casi se atragantara.

-¿Desde cuándo salís juntos chicos? – preguntó Robin causando casi la muerte de Aeryn, el sonrojo de Harry y las risas de las otras dos mujeres -. ¿Qué pasa? ¿He dicho algo malo?
-Robin – empezó Harry – Aeryn y yo no estamos saliendo, somos amigos.
-¡Oh, disculpad entonces! Es solo que… bueno da igual, lo lamento chicos.

Las chicas seguían riendo, Robin les seguía preguntando qué les hacía tanta gracia. Mientras Harry posó una mano en la pierna de Aeryn y se la apretó haciendo que la chica instantáneamente lo mirara, que sería seguramente la razón por la que lo hacía, pero también hizo que sintiera una descarga recorrerle el cuerpo y se sonrojara aún más. Harry le sonreía, seguramente intentando quitarle importancia a lo que había dicho su padrastro pero había algo en sus ojos, algo en su manera de mirarla que no le resultaba conocido.

-¿Lista? – le preguntó él en un susurro a Aeryn.
-¿Lista para qué?
-Para lo que te he dicho a la tarde.
-¿Qué me has dicho Harry? Sabes que no te he hecho caso.
-Lo sé, lo cual hace esto aún más divertido – sonrió mientras Aeryn intentaba descifrar lo que iba a hacer Harry a continuación -. Mamá, ¿estas navidades volveremos a Lynn? – los ojos de Aeryn se dispararon al oír aquello y al descubrir, con total seguridad, lo que había planeado Harry.
-Sí Harry, ya sabes que siempre vamos en navidades, hay que saludar de vez en cuando al abuelo.
-Harry no. – susurró Aeryn, pero Harry hizo caso omiso.
-Me preguntaba si Aeryn podía venir con nosotros.
-¿Estáis totalmente seguros de que no sois pareja chico? – volvió a preguntar Robin, bromeando. La vergüenza de Aeryn era notoria en sus sonrojadísimas mejillas.
-¿Están tus padres de acuerdo con eso?
-Eh... bueno… yo… no tengo ni idea.
-Por mí no hay problema, un gusto recibirte con nosotros Aeryn.
-Muchísimas gracias Anne – Esta vez fue Aeryn la que le apretó el muslo a Harry, con fuerza, aunque solo causó que éste sonriera aún más.
-No hay de qué querida.

Al terminar de cenar, ambos se excusaron y fueron hacia la habitación de él. Aeryn esperó a que éste cerrara la puerta antes de gritarle, de una forma apagada, esa que se usa para mostrar alteración pero controlando el volumen de la voz.

-¿¡Qué se supone que estás haciendo!? ¿¡Estás tonto!? – Aeryn se acercó a él y le pegó, no con intención de herirle, en el pecho, empujándolo contra la pared.
-Estoy intentando ayudarte.
-¿¡Ayudarme!? ¿¡A mí!? – seguía pegándole mientras le hablaba -. ¿¡Cómo!? ¿¡Haciendo que parezca tonta!? ¿¡Una aprovechada!? ¿¡Sabes lo mal que lo he pasado ahí!?

Harry la agarró de las manos y le cambió la posición, haciendo que fuera ella la que estuviera contra la pared, sus manos justo encima de su cabeza, haciendo que su espalda se curvara y su pecho sobresaliera. La distancia que había entre ellos dos era nula, aún menor a la que había tenido aquella misma mañana con Thomas.

-Sí, ayudarte tonta. Piénsalo un momento antes de querer matarme – Apoyó su frente en la de ella haciendo que sus narices se rozaran y el corazón de Aeryn latiera con fuerza. Habló bajo cuando continuó -. Según tú no hay más pistas aquí, bien, entonces ¿en qué otra parte puede haberlas?
-En mi antigua casa – susurró.
-Exacto. De nada – Soltó las manos de Aeryn pero no se alejó siquiera un milímetro de ella, cosa que a ella tampoco le importaba.
-No me dejarán ir Harry – Bajó la mirada como si de golpe hubiera vuelto a la realidad. Harry alzó una de sus manos hacia su barbilla e hizo que lo mirara.
-Haz que lo hagan – dijo con fuerza.

Y bajo esa mirada cargada de fuerza Aeryn decidió que lo haría, haría que sus padres la dejaran ir.

Lo que ella no sabía era que iba a hacer más de lo que se creía posible de hacer, fuera aquí o en Lynn, descubrir cosas que jamás creía posibles. Aunque tampoco sabía que no estaban solos, que había alguien viéndolos en ese mismo momento.

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Queríais un capítulo con Harry, aquí lo tenéis.
Queríais un capítulo más largo, aquí lo tenéis.
Queríais que Aeryn se centrara un poco, aquí lo tenéis.

Jajajajaja sé que no es gran cosa, pero prometo que ahora es cuando empieza lo bueno, cuando empiezan a investigar. Tengo escrito un capítulo que ansio con todas mis ganas subir ya, y se que vosotras también lo estaréis ansiando ¿verdad?

Preguntas:

-¿Qué ansiáis tanto vosotras como yo que pase?
-¿Qué es lo que más os ha gustado de este capítulo? (Si es que os ha gustado)
-¿Cómo es que Aeryn sabía el nombre de Gemma? ¿Qué le está pasando?
-¿Qué pensáis ahora mismo de Harry?
-¿Dejaran ir a Aeryn a Lynn? y si la dejan... ¿qué descubrirá?
Y de las más importantes
-¿CÓMO QUE NO ESTABAN SOLOS? ¿QUIÉN COJONES Y POR QUÉ LES ESTABA VIENDO?

Bien babies, mañana vuelvo al cole -llantos- pero juro que intentaré subir pronto si seguís comentando así de rápido y alegrándome los días con vuestros comentarios. Enserio, no sabéis todo lo que supone para mí leer lo que escribís, así que gracias.

No olvidéis escribir vuestros Twitters y por favor si no he avisado a alguien, lo siento, y dímelo para que así te avise para la próxima.

sábado, 4 de enero de 2014

Capítulo once



¿Ángel o demonio? 

La preguntaba rondaba su cabeza sin descanso mientras maldecía ser tan altamente manipulable. Solo con una pequeña conversación Thomas había vuelto a alterar todo lo que parecía real en aquel momento y volvía a dejarla con nada. Nada. Otra vez. No podía creérselo.

Paseaba los pasillos de aquel ruidoso lugar mientras, como siempre le habían dicho, divagaba perdida por su mundo. Un mundo que ahora mismo era el caos.

-Me gustó lo que escribiste ayer – Harry, estaba claro.
-A mí lo que me respondiste – dijo mientras se ruborizaba un poco. Había decidido actuar como si nada, ya que aún no sabía si debía creerse las palabras de Thomas.
-Me alegro. No sabía si escribirlo o no. Al final me llené de valor y lo hice.
-De valor dice, ¿acaso te daba miedo escribirme algo así? Te voy a decir un secreto – se acercó a él para poder susurrárselo y que nadie más pudiera oírla -. Hace tiempo que todo el mundo sabe que somos amigos, si te arrepientes, es tarde.

Harry la despeinó mientras ella se reía.

-Eres idiota, no sé ni por qué lo intento.
-¿Intentar el qué?
-Es un secreto, pero es que aún no lo sabe nadie. Shh.

Y más dudas entraron en la cabeza de Aeryn mientras que Harry desaparecía por un pasillo, rumbo a su siguiente clase.

Se quedó ahí, parada de pronto pensando en lo que querría decir con eso. Le empezaba a doler la cabeza, llevaba demasiado tiempo dándole vueltas en la cabeza a todo lo que pasaba y se decía a su alrededor. Demasiado tiempo que no conseguía relajarse, tumbarse y sentir que, aunque el mundo siempre pesa encima de todos, no era más que una pluma que guiaba el viento.

Al fondo del pasillo logró ver aquel tan bien conocido pelo avellanado de su amigo Thomas. De algún modo que ella no lograba entender, visto que había perdido todo tipo de control en cuanto a su cuerpo y acciones se refería, empezó a correr en su dirección.

-¡Thomas!

El chico se dio la vuelta con expresión sorprendida al reconocer la voz que lo llamaba.

-Creo que he visto a Harry yendo por ahí – señaló el pasillo contrario -. De nada.
-No seas imbécil. No vengo a preguntarte dónde está Harry.
-Pero si vienes a preguntarme por él, ¿verdad?

Thomas había cambiado, al menos su actitud hacia ella. Donde antes no había más que un tono jovial que Aeryn siempre había relacionado con su buen amigo Thomas, ahora descansaba una voz cansada, burlesca, teñida con un leve manto de traición, dolor.

-Quiero saber lo que tú sabes.
-Yo quiero saber cómo ser millonario, pero bueno.

Sonó el timbre que anunciaba que los profesores ya habían cerrado las puertas de las clases y que solo algunos te dejarían entrar, siempre y cuando pudieras exculparte. Thomas seguía mirándola, esperando de alguna manera que fuera ella la que se marchara y volviera a dejarlo en paz, esperando que lo hiciera ella para que de alguna manera pensara, nuevamente, que era ella misma la que se metía en los problemas y ella misma la que intentaba obviarlos una vez dentro, la que huía esperando que se solucionaran solos o que alguien se los solucionara.

Estaba harta. No volvería a ser así. Cogió a Thomas de la mano y lo empujó hasta los baños más cercanos, el de las chicas, sabiendo que por ahí nunca pasa el encargado de cuidar los pasillos, siempre alerta por si alguno se pasaba de listo y decidía quedarse fuera de su clase correspondiente. Lo metió dentro de uno de los vestidores privados, por si  a alguna chica se le ocurría pedir permiso para ir a los lavabos un momento.

-Vaya Aeryn, jamás pensé que querías nada así conmigo – bromeó con malicia.
-Oh por favor, cállate.
-¿Enserio quieres que me calle? Porque conozco mejores formas de hacerlo.
-Resérvalo para tus ligues.
-Lo suponía.

Dejó los materiales que había cogido para su clase en la pequeña silla que se encontraba a la derecha del pequeño vestidor, lo cual también hizo ella.

-Veamos – empezó Thomas, como si estuviera analizando la situación, antes de que ella pudiera preguntarle nada  -. No me hablas, decides que es mejor directamente pasar de mí, por alguna razón que desconozco, y te vas con el guapísimo Harry Styles, el cual de pronto ha decidido que podría merecer la pena ser tu amiga. No te habías si quiera planteado la posibilidad de que, al igual que me echaste por un miedo que desconoces, él se haya metido por lo mismo.
>> Estás confusa, porque aunque te jode, te conozco. No sabes en quién puedes confiar, porque algo en tu interior te dice que lo que te dije de Harry, por muy retorcido que sea y por mucho daño que pudiera hacerte, tiene su lógica. “¿Cómo es que el chico que se burlaba de mí hace menos de un mes y algo ahora de pronto haya aparecido, como un rayo de luz después de días en la oscuridad, dispuesto a ayudarme?” – ironizó, poniendo una voz algo más aguda -. Nada más y nada menos que cuando todo empieza a desmoronarse. ¿Interesante eh?
-¿Qué sabes tú de todo esto? ¿Cómo es que sabes, o pareces saber, más de lo que deberías? Porque ahora pareces estar enfadado conmigo hasta el punto de llegar a odiarme incluso porque te he alejado de algo que según parece te resulta jodidamente interesante, pero por mucho que lo intentas te sigues preocupando por mí, porque aunque no sepa exactamente cuál es tu papel en todo esto, te conozco. Te preocupas por mí, porque aunque te jode, te conozco.

Thomas, el cual estaba pegado a la pared contraria al de la puerta se movió, cambiándole el sitio a Aeryn, que ahora se encontraba pegada a la misma pared en la que estaba él. Al cambiarse, Thomas había colocado su mano en la cintura de ella y aún no la había retirado, de hecho, se había acercado más de lo que antes estaban en aquel diminuto vestidor. Para la sorpresa de él, Aeryn tampoco había intentado moverse y para la sorpresa de ella, había descubierto que no quería moverse.

-Mírate, no sabes nada – las palabras sonaban feroces, hirientes, rápidas. Aun así, su mirada se conectaba con la de ella reflejando algún tipo de temor, de preocupación.
-Haz que eso cambie – dijo ella, con el mismo tono de voz.
-Ojala pudiera.
-Puedes.
-No Aeryn, aunque no me vayas a creer – su voz ahora sonaba mucho más suave, como si algo en su interior hubiera cambiado y volviera a ser el mismo Thomas de siempre,  y reflejaba un tono dolido, uno que ella le había causado – yo solo estoy intentando protegerte, siempre he estado intentando protegerte.
-¿¡Protegerme de qué Thomas!? ¿¡De qué!?

Aeryn, aun estando cansada, agrupó toda la fuerza que le quedaba, la cual se había agotado en todos estos días, y pegó a Thomas en el pecho. Sabía que era inútil y que no le iba a hacer daño, aunque ella tampoco quería hacérselo, simplemente quería desahogarse, desahogarse con su amigo, con Thomas. Quería con tanta fuerza que todo volviera a ser como antes, que todo siguiera siendo tan fácil.
Una lágrima bajó por su mejilla y se quedó descansando en el borde de sus labios. Thomas se acercó y le limpió la lágrima con un beso.

-Protegerte de ti misma.


Aeryn lo vio marchar mientras que su leve susurro se hacía hueco en su pequeña y mareada cabeza junto con la pequeña sensación de vértigo que le había atravesado todo el cuerpo cuando los carnosos labios de él se habían posado básicamente encima de los de ella.


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Bueno me he motivado, así que aquí os dejo otro capítulo :) 
Sinceramente, aunque este capítulo puede que no esté muy bien escrito, a mí me mata. Espero que le deis la agresividad y la tristeza que tanto quiero reflejar a los diálogos, en serio, porque si lo hacéis... pfff... a mí al hacerlo me late el corazón más fuerte, os lo juro.

Viendo que si pongo preguntas, la mayoría las contestáis, voy a hacerlas:

-¿Qué os ha parecido?
-¿Qué pensáis de Harry? ¿De Aeryn? ¿De Thomas?
-No, enserio, ¿quién es Thomas? 
-¿Qué os ha parecido la conversación que han tenido Thomas y Aeryn entre ellos?
-¿Protegerla? ¿Quiere protegerla? ¿De sí misma? ¿Qué creéis que quiere decir eso?
-¿Y ESE BESO? ¿QUÉ HA SIGNIFICADO ESE BESO TAN APARENTEMENTE INOCENTE?


¡RECORDAD!

Aunque se me olvide a veces, si comentáis por aquí (lo cual lo prefiero) no os olvidéis de poner al final de vuestro comentario vuestro Twitter.

GRACIAS.

martes, 31 de diciembre de 2013

Capítulo diez



Harry se puso rojo de furia al descubrir de dónde provenía el tono violáceo de la mejilla de Aeryn. Ella intentó explicarle el pequeño problema que tenía su madre con el control de su fuerza pero eso solo sirvió para enfadar aún más a Harry, el cual alegó que sabiendo de su enfermedad con más cuidado debería hacer lo que hace. Sus palabras exactas fueron “¡Si tiene un puto problema del control de la fuerza, que no la utilice! ¿¡Acaso es gilipollas!? ¡Yo puedo tener un problema o una adicción con… yo que sé, las armas pero justo por ese motivo tengo más cuidado en el momento de usarlas, no voy por ahí pegando tiros!“ Aún así, Aeryn consiguió que se relajara y aún más importante, que se fuera antes de que volvieran sus padres. El chico se negaba rotundamente a dejarla ahí sola pero acabó cediendo al escucharla decir que prefería no tener la otra mejilla a juego. Se preocupó, eso sí, pero se marchó, que era lo importante.

Antes de que sus padres volvieran, Aeryn cogió de la despensa algunos cereales, chocolates, galletas y demás para poder evitar lo máximo posible tener que bajar a ver a sus padres. Estuvo un rato metida en twitter divagando por la página, leyendo tweets de completos desconocidos sobre su vida normal, rutinaria; leyendo cómo la gente se quejaba de su monótona vida y de sus padres, los cuales no les comprendían. Antes de irse a dormir escribió ella misma un par de tweets:

Mientras que alguna gente se queja de su monótona vida "sin sentido alguno" porque son adolescentes y tienen que ir al instituto *que rollazo* yo ruego por favor, a quién haya destrozado mi vida dándole un giro de 180º, que me devuelva la vida que me había sido otorgada.
Ahora pienso las veces que soñé con que todo fuera diferente, con que mi vida fuera algo más marchosa, por así decirlo. Creerme cuando os digo que ojalá no hubiera cambiado. Me gustaría seguir siendo la misma que antes, despertarme todos los días con un horario estricto impuesto por esta sociedad opresora.
No sabéis la suerte que tenéis, ni sabéis lo que vuestros tan ansiados deseos pueden llegar a traeros, por eso, por favor, pensar mejor las cosas antes de decirlas.”

Lo escribió rápido, sin pensar realmente lo que escribía. Obviando todas las tediosas horas en las que su profesor de lengua insistía en organizar lo escrito. Se sorprendió al ver que le habían contestado.

Harry:

“Maldecirás el día en que tu vida dio un giro de 180º. Llámame egoísta si así lo sientes, pero no hay cosa de la que más me alegre ahora que puedo estar contigo.”

Sonrió a la pantalla sin ni siquiera darse cuenta, sonrisa que le duró bien poco al  ver que no solo le había llegado la respuesta de Harry, sino un mensaje directo de Thomas.

“Harry no es quién tú crees. Pregúntale de verdad por qué se interesó en ti el día de la fiesta.”

Se enfadó. Algo en su interior despertó con ganas de pegar a Thomas, ¿cómo se atrevía a decir eso ahora? ¿Él? Dejó de seguirle en twitter, hasta lo bloqueó pensando que igual así la dejaría en paz.

Llegaron sus padres y todo seguía igual. No había bajado ni pensaba bajar a verles, simplemente se quedaba en su cuarto escuchando el susurro de sus voces. Sabía que estarían hablando de ella, no había que ser un genio para saber eso, pero sí que había que serlo para saber qué decían, o mejor dicho, lo que querían decir.

Se tumbó en su cama con un libro en su regazo, cerrado. Miraba al techo de su habitación sintiéndose extremadamente vacía. Arriba, decorando el blanco y frío techo se encontraban las fotos que más le gustaban a Aeryn, las fotos que mostraban la felicidad de una niña que ahora se encontraba rumbo a la locura. Había de todo, fotos de cuando era una niña, jugando en el parque, cuando creció un poco y conoció a Thomas, fotos de su primer día de instituto… fotos que mostraban una sonrisa perdida en los recuerdos.

Se levantó. No podía soportar la mirada de aquella chica que parecía burlarse de ella, aquella chica de pelo oscuro y tez blanca, aquella chica de sonrisa blanca que parecía gritarle “Fracasada” cada vez que la miraba. Con los pies hundidos en el colchón de su cama intentó despegar todas aquellas fotos que se pasó días intentando colocar en su sitio. Las cogía y las tiraba al suelo sintiendo, cada vez que una de ellas tocaba el suelo, que su corazón se liberaba de una pesada carga. Notaba las lágrimas bajar por su cara, dificultándole la visión. Solo le quedaban un par de fotos y todo habría acabado. Saltó a por las últimas y al coger la última notó que su pie se colocaba en el borde de la cama y sin poder evitarlo cayó al suelo, aún sujetando la última foto, creando un fuerte sonido al chocar contra el suelo. Notaba el dolor y el frío que el suelo le proporcionaba. Las lágrimas se convirtieron en llantos y pensó que era verdad lo que antes había mencionado: las fotos que mostraban la felicidad de una niña que ahora se encontraba rumbo a la locura. ¿Se estaba volviendo loca?

Sus padres escucharon el golpe y los llantos, incluso hicieron un ademán de subir y saber de ella, saber qué le pasaba como siempre habían hecho pero sabían desde hacía unos días que ya no podrían volver a hacer lo que habían estado haciendo desde siempre, sabían que pasaba algo y lo peor de todo era que aunque no lo quisieran admitir, sabían perfectamente qué era lo que pasaba.

Se quedó en el suelo, sintiéndose impotente hasta que sus llantos se convirtieron en pequeños sollozos y su respiración entrecortada volvía, con dificultad, a la normalidad. Aún así se quedó tumbada dónde se había caído sintiendo aquel frío que emana el suelo negro de su habitación, la única sensación que se le hacía familiar en aquellos momentos.

Perdida de nuevo en sus pequeños sollozos y pensamientos, volvió la frase de Thomas a su cabeza “Harry no es quién tú crees. Pregúntale de verdad por qué se interesó en ti el día de la fiesta.”

Se levantó, sintiendo cómo al estirarse su costado derecho intentaba romperse creando un dolor excesivo pero aguantó y volvió dónde el ordenador. Se sentó y desbloqueó a Thomas, y lo volvió a seguir para así poder contestar su mensaje directo, odio resaltado en cada una de sus palabras.

“Tú qué cojones sabrás quién es Harry.”

Para su sorpresa, la respuesta no tardó más de dos minutos.

“Estoy seguro que lo sé mejor que tú.”

“Me da la sensación de que todo el mundo sabe más que yo.”

“¿También él?”

No. Harry solo sabía lo que ella le decía, ¿verdad? Aunque pensándolo mejor… él sabía algo de la foto que ella había encontrado, algo que aún no le había dicho, algo que quizás ni siquiera lograba recordar.

“¿Qué sabes tú?

“Más de lo que podrías llegar a imaginar.”

“Soy muy creativa, ponme a prueba.”

“Ya te están poniendo a prueba Aeryn, estás dentro.”

“¿Dentro de qué?”

“ Suerte, la necesitarás.”

Esperaba una respuesta que le brindara más información, alguna pista, algo, pero no, en vez de eso solo consiguió enfadarse más con Thomas el cual estaba claro que sabía más de lo que decía. Aquella noche en el club, tenía que descubrir con quién hablaba y aunque intentó no pensar en ello, también tendría que descubrir por qué Harry se interesó justo ese día, el día que empezó su malestar.

¿Acaso Harry era como un ángel que llegaba justo en el momento necesario? No, eso era imposible. ¿Y si fuera el causante de todo aquello?

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Bueno chicas, voy a subir, aunque no haya habiado apenas 5 comentarios... TT 
¿Qué os ha parecido?
Contestar:

-¿Qué sabe Thomas?
-¿Qué saben los padres de Aeyn?
-¿Qué hará Aeryn?
-¿Quién es Harry en realidad? ¿Por qué él? ¿Por qué ahora? ¿Cuánto sabe él de todo esto?
-¿Qué pasará?
-Respuesta sorpresa que no tenga que ver con mis preguntas para hacerme happy?

Bueno, quería daros las gracias a las que seguís leyendo, las que me apoyáis por este camino y por todo lo que hacéis por mí, de verdad, GRACIAS.

Y como no... ¡FELIZ AÑO NUEVO!

domingo, 8 de diciembre de 2013

Capítulo nueve



El despertador volvió a sonar como de costumbre a las seis de la mañana. Era lunes. Se había pasado el fin de semana escondida bajo la sábana, su nueva fiel aliada. Sus padres habían hecho algún intento de hablar con ella pero todos fueron nulos. Aeryn llegó a creer que había escuchado a su madre llorar.

En cuanto a Harry… estaba segura que habría contestado al mensaje que le envió, pero no había encontrado las fuerzas para asegurarse y leerlo. Era una cobarde, a quién pretendía engañar, y lo peor era que hoy tendría que enfrentarse no solo a Harry, sino también a una madre llorica y un padre falto de tacto.

Se levantó de la cama y se vistió con su ropa de deporte. Salió de casa y empezó a correr pero en vez de seguir la ruta que solía hacer cada mañana, decidió ir por otro lado, en un intento de romper la monotonía algo más de lo que se había roto estos últimos días. Mientras iba corriendo no pudo evitar pensar qué pasaría si seguía corriendo y no parara jamás, si no volvía atrás. Igualmente ya no importaba, no había nada por lo que luchar realmente. Sus padres no eran sus padres y llevaban ocultándolo toda la vida; Thomas no era el gran amigo que decía ser y Harry… Harry. Él era la única persona por la que Aeryn se quedaría pero estaba segura que tampoco significaría tanto. Él recordaría las aventuras, el pequeño subidón de adrenalina que le daba al pensar en él como uno de los hombres de negro, o como Sherlock Holmes, pero se le pasaría y volvería a su vida normal, con sus grandes amigos y su maldita Natalie Portman, lista para atacar con sus rosados y preciosos asquerosos labios.

Miró el reloj, llevaba demasiado tiempo corriendo, no volvería a casa a tiempo para ducharse, desayunar, prepararse y salir de ahí para enfrentarse una vez más al mundo real. Genial.

Aminoró el paso, igualmente ya iba a llegar tarde. Por una vez en todo el tiempo que llevaba corriendo se dejó asombrar por lo que la rodeaba. Cafeterías, tiendas, pastelerías, parques… era impresionante lo mucho que había corrido en tan poco tiempo.

-¿Hasta dónde has llegado hoy? – preguntó como siempre hacía Margaret.
-¡He pasado el parque de los columpios grandes mami! – ilusionada, Aeryn saltó a los brazos de su madre.
-¿Tanto has hecho?
-¡Sí!
-Mi pequeña atleta, un día serás más rápida que un guepardo.
-¿Los guepardos son muy rápidos?
-Los guepardos son uno de los animales más rápidos del planeta.
-Pues les ganaré, nadie podrá cogerme.
-Eso espero vida mía –sonrió -.  Ahora a la ducha que tenemos que llegar al cole.

El recuerdo de una de las épocas más felices de su infancia se le coló a Aeryn en la mente, haciendo que derramara un par de lágrimas. <<Lo conseguiste mamá, nadie jamás podrá atraparme, ni siquiera tú. >>  A paso firme, llegó hasta su casa, dónde unos alborotados padres la esperaban.

-¿Dónde estabas? – Aeryn no contestó, no quería dirigirles la palabra
-¿Dónde estabas Aeryn? – preguntó esta vez su madre, enfadada.
-¿No es obvio? Fuera, estaba fuera.
-Hoy es lunes Aeryn, por si no lo sabías.
-¡No puede ser! – empezó Aeryn, con un notorio tono burlesco a la vez que molesto y enfadado -. ¿Eso es lo que viene después del domingo? ¿Lunes?

De pronto sintió un guantazo en la mejilla derecha, fuerte, extremadamente fuerte. Rápidamente se llevó la mano a la zona dolorosa incapaz de evitar pensar en el hematoma que le aparecería después.

-No te pases de lista Aeryn – la voz de Margaret sonaba amenazadora y cortante.

Pasado aquello, Aeryn miró el rostro decepcionado de su padre, o la persona que se hacía pasar por él, y no pudo evitar sentirse traicionada y dolorida. Las lágrimas luchaban por salir y mojarle la cara, pero no les permitiría salir y se prometió a sí misma que no dejaría que ninguna otra lágrima causada por aquellas dos personas que la habían criado volviera a surgir de sus ojos.

Se encerró en su cuarto, como tantas otras veces había hecho y se refugió bajo su sábana. Podía escuchar la discusión entre sus padres, aunque fuera incapaz de descifrar qué decían. Al cabo de un tiempo, escuchó cómo la puerta principal de casa se abría y se cerraba, dejándola así sola en esa inmensa casa de vacío sentimiento.

Una vez hubiera estado sola, se levantó de la cama y se dirigió al baño, mirando en el espejo cómo el guantazo propinado por su querida madre tomaba un color violáceo. Se tocó la zona y al segundo se arrepintió de haberlo hecho. Maldijo la enfermedad de su madre (por si no os acordabais, su madre es incapaz de controlar la fuerza con la que hace las cosas) al notar el dolor que solo rasparlo le causaba, aunque tampoco podía decir nada, porque aunque no esté bien pegar a una hija con tal fuerza, su madre no lo había hecho queriendo. Nuevamente luchó contra sus propias lágrimas y cansada de todo lo que le estaba pasando, se volvió a dormir.

~.~

La despertó el sonido del timbre. Totalmente desorientada y somnolienta, se levantó de la cama al ver que no paraba de sonar. Le dolía la cabeza y el timbre no le estaba ayudando.

-¡Ya va, ya va! – gritó.

Bajó las escaleras hasta la planta principal aún sin ser capaz de situarse ella misma. Ahora mismo podría ser lunes, como podría ser jueves del año 1786 para Aeryn, pero todo le estalló de golpe cuando al abrir la puerta se encontró a un muy malhumorado Harry Styles.

-Eres… eres… - empezó Harry, y al ver que estando en el umbral tenía la posibilidad de que le cerraran la puerta en las narices, se apresuró y entró dentro, aún sin tener permiso -. Me he pasado el fin de semana entero llamándote, enviándote mensajes. ¡Hasta he venido aquí unas cincuenta veces! ¿Sabes lo mierda que me has hecho sentir? ¿Te gustaría que no te hicieran ni puto caso cuando lo único que intentas hacer es ayudar? Ayuda que de hecho, tú me pediste – resaltó el “tú” -. Eres una egoísta Aeryn.

Aeryn se quedó de piedra.  Tenía razón, era una egoísta, aunque tampoco entendía el excesivo enfado que traía consigo Harry.

-Te pedí ayuda, jamás te pedí que te preocuparas por mí. De hecho, no sé por qué te preocupas tanto.

Ambos hablaban con increíble enfado, Harry por el hecho de haber sido ignorado y Aeryn por todo lo que se le venía encima y es que ella cada vez que se agobiaba o se sentía débil o sola hacía lo mismo, se defendía, se defendía a toda costa.

-¿De qué cojones vas? – preguntó Harry dolorido aun sin dejar el matiz de enfado en su voz. Aeryn se quedó sin saber qué decir porque en realidad ya no sabía ni de qué iba ella, ni de qué iba el resto del mundo, todo estaba en su contra, o así lo creía ella. Giró su cabeza gacha hacia la izquierda en un intento de esquivar su mirada y ocultar su mirada avergonzada, sin acordarse de que la mejilla derecha, totalmente violácea, quedaba al descubierto. Por un momento, Harry olvidó todo enfado que traía consigo hacia Aeryn y se acercó a ella con premura -. ¿Qué te ha pasado? – acarició con las yemas de sus dedos el moratón que cubría toda su mejilla y Aeryn se alejó de él tan rápido como pudo, una espresión de dolor cubriéndole el rostro -. ¿Qué te ha pasado Aeryn?
-No me ha pasado nada.
-No me mientas.

Aeryn se quedó callada, aun con la cabeza gacha, cuando Harry volvió a acercarse a ella y la obligó a mirarlo.

-Dime que te ha pasado Aeryn, por favor – el tono de Harry se había vuelto suave y suplicante.
-No es nada –susurró ella.
-Lo es para mí.

Aeryn no lo pudo aguantar más, toda esta situación podía con ella. Dejó que sus lágrimas salieran a la luz, humedeciendo su rostro. Harry se acercó a ella y la abrazó. Ella se dejo abrazar y por primera vez en su vida no se sintió indefensa al mostrarse débil ante una persona, sino que se sintió aliviada.

-¿Por qué haces esto Harry? – preguntó como pudo, ya que su voz se veía entrecortada por sus lágrimas.
-¿Hacer el que?
-Preocuparte por mí.
-Porque me importas Aeryn, me importas más de lo que tú crees, más de lo que yo creía que lo harías.
-Soy una estúpida.
-Mi estúpida favorita.


Y se quedaron así, abrazados y en silencio durante un tiempo sin saber lo que realmente las palabras de Harry escondían.

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Ya sabéis cómo me gustan los comentarios así que...

-¿Qué os ha parecido?
-¿Qué creéis o queréis que pase?
-¿La torta de Margaret?
-¿Cómo se siente Aeryn?
-¿Qué esconden las palabras de Harry?

Gracias por hacerme sonreír con vuestros comentarios.

PD: si comentáis por aquí (lo cual prefiero) poner vuestro twitter al final del comentario. Si no, enviar uno o dos o tres o quinientos tweets a: @DreamCatcherL.

martes, 26 de noviembre de 2013

Capítulo ocho


-¿El qué? ¿Eso? – se señaló la parte del cuello que tenía un color rojizo -. No es nada, solo un sarpullido.
-Eso no es un sarpullido Harry – sin haberlo querido, hasta ella misma notó tristeza en su voz. Miró a Harry que la miraba desconcertado, no podía dejarle pensar que le había molestado, hasta afectado -. ¿Con quién has quedado esta tarde que no me has querido decir Hazza? – preguntó en tono divertido.
-Con nadie, es una tontería.
-Y esa tontería… ¿tiene nombre?
-Aeryn, ya, ha sido solo un accidente.
-No creo que eso se pueda hacer sin querer o me dirás: Estaba caminando por la calle cuando una rubia buenísima se me ha caído encima y sin querer ha presionado  sus labios en mi cuello con tal fuerza que se ha visto obligada a succionar y me ha dejado una marca en la piel.
-Aeryn no ha sido así…
-Tranquilo, no me tienes que explicar nada. Volviendo al tema que nos ocupa… ¿Qué has descubierto?
-Aeryn, yo…
-Harry – cortó Aeryn, cansada de aquella conversación que sabía que acabaría desvelando que Harry ha encontrado a una flamante chica, seguramente digna de su belleza, con la que pasárselo bien – céntrate por favor.

Harry suspiró. Sabía que era inútil intentar hacer o explicar algo que ella no quería saber. En poco tiempo le había dado tiempo de sobra de averiguar cómo era en realidad su nueva amiga y aparte de ser tímida e inteligente, era una terca.

-Bien, la ventana – se rascó el chupetón -.  ¿Sabes cómo en la parte de atrás pone  “Aeryn y su madre. Lynn.”?  - Aeryn asintió -. Sabemos que Lynn es un nombre de mujer y sé que al leerlo habrías pensado que es el nombre de tu madre, ¿no es así?
-Harry, ¿a dónde quieres llegar a parar?
-¿Y si no fuera el nombre de tu madre? – continuó sin hacerla caso -. Si te fijas bien, puedes ver una estación de tren al fondo.
-Qué más dará eso, hay millones de estaciones de tren Harry. Solo nos dice que estuve cerca de una de ellas.
-No, ahí te equivocas. Nos dice que tu madre o una amiga o familiar tenía una casa cerca de una estación de tren, una que yo visitaba frecuentemente cuando era pequeño Aeryn.
-¿Perdona?
-Es la estación de tren de Lynn Aeryn – sacó de su bolsillo una foto -. Por eso me sonaba de algo, yo ya había estado ahí.

Le tendió la foto a Aeryn, la cual lo cogió con ganas y la miró. Era un niño, de pequeño con una bufanda y un gorro de colores oscuros sonriendo a la cámara junto con una niña algo mayor que él, en una estación de trenes.

Se fijó ahora más en Harry, sus ojos verdes destacaban aún más cuando era pequeño, y sus mejillas sonrojadas gorditas y divertidas.

Le empezó a doler la cabeza.

-Harry, yo a ti… yo a ti te conozco.
-Sí, obviamente.
-No, no quiero decir eso – Se levantó de la cama y sintió como toda la sangre desaparecía de su rostro. Se apoyó en la pared más cercana, justo cuando Harry se levantaba para ayudarla a sostenerse. La agarró de la cintura y la apoyó con más fuerza contra la pared, haciendo que sus cuerpos estuvieran más cerca aún que cuando bailaron. Sin quererlo, los ojos de Aeryn bajaron a sus labios y cuando recordó lo que otros le habían marcado desvió la mirada a sus ojos -. Lo que quiero decir es que tú, tú me conoces a mí Harry.
-Aeryn creo que estás desvariando.
-Oh cállate – lo empujó lejos, y al segundo se arrepintió de haberlo hecho porque volvió a sentirse débil y marearse, aunque Harry no tardó mucho en volver a su puesto.
-Aeryn… - la voz de Harry sonó suave, tanto que aquella simple palabra parecía acariciar todo su cuerpo con extrema delicadeza. La miraba con esos ojos grandes verdes, esos a los que tantas mujeres les gustaría observar.
-El señor Styles, supongo.

Una voz grave y seria, masculina sin lugar a dudas, les sorprendió a ambos. Harry se separó un poco aún sujetando a Aeryn de un lado y ambos giraron sus cabezas hacia la puerta, por donde asomaban sus cuerpos los padres de Aeryn.

-¿No estabais en una cena?
-¿No estabas sola en casa?

La tensión en el ambiente era palpable. Su madre miraba a Harry con un odio y un miedo infinito, como si él fuera a hacer algo que les causara daño. Aunque, si te pones en el lugar de la madre, viendo a tu hija de dieciocho años con un chico básicamente pegados el uno al otro contra la pared una noche en la que ellos faltaban… era normal que pensara que iba a pasar algo, un “mal” hipotético en la mente de una madre.

-Soy Harry, Harry Styles señora Labane – se presentó él mismo con educación, sabiendo que presentarse era lo mínimo que se podía hacer en esos casos.
-Sé quién eres señorito Styles. Lo que no sé es el por qué sigues aquí.
-Oh, sí. Claro… eh… yo ya me iba – miró el estado en el que se encontraba Aeryn, miedoso de que al soltarla se volviera a caer pero sonrió al ver que toda la sangre se le había agrupado ahora en sus mejillas, devolviendo el color a toda la cara. Recogió sus cosas de la silla en la que las había dejado y se giró de nuevo donde Aeryn. Se acercó y le dio un fugaz beso en la mejilla derecha, lo que solo incrementó su color -. Ya nos veremos.

A Aeryn le costó reaccionar pero cuando lo hizo asintió y se despidió de él con la mano. Al marcharse, le acababa de dejar sola ante el peligro.

-¿Qué hacías con ese chico aquí?
-Ese chico tiene nombre.
-No me importa cómo se llame.
-Pues es Harry y agradecería que usaras su nombre. Al contrario es una falta de respeto.
-No querida, una falta de respeto es traerte a un chico, sin avisar, a casa cuando no estamos ni tu padre ni yo.
-Ah bueno, si empezamos así, es una falta de respeto marcharos de la ciudad siete días a la semana sin dar otro aviso que no sea un papel en la mesa del comedor que diga: nos hemos ido de la ciudad.
-Eso no tiene nada que ver.
-Sí que lo tiene.
-Volviendo a lo que nos ocupa, que es tú falta de respeto – recalcó el “tú” -, no quiero volver a ver a ese chico.
-Harry, dios Margaret, se llama Harry.
-No me llames Margaret.
-Pues entonces te llamaré amarga, ¿te parece mejor?

Toda la ira de Aeryn hacia sus supuestos padres afloró en esa discusión, poquito a poco, junto con la de su madre y su arrogancia.

-No te atrevas a hablarme así.
-¿Qué harás sino?

Su madre respiró profundamente en un vano intento de calmar su ira y relajar la situación.

-Cariño, ¿qué te está pasando? – preguntó Margaret con voz preocupada. Aeryn soltó un bufido, harta ya de toda esa situación que la rodeaba, el miedo incesante con el que vivía desde hacía poco al levantarse y saber que a su lado dormían personas que, en realidad, apenas conocía.
-¿A mí? Nada nuevo, ¿qué hay de vosotros?
-¿A qué te refieres?
-No sé, ¿no hay nada que os gustaría decirme?

Su madre hizo ademán de hablar pero el apretón en el brazo que obtuvo de su padre, junto con una mirada llena de seriedad y preocupación, hizo que se lamentara y siguiera callada.

-Genial. Entonces si me disculpáis, me gustaría estar sola.
-Pero Aeryn – empezó su madre, que de pronto había perdido toda la fuerza a la hora de hablar, convirtiéndose en un mero susurro lleno de miedo – tenemos que hablar.
-No Margaret, no tenemos nada de lo que hablar.

Dicho esto, con un pequeño pero ansiado empujón, Aeryn empujó a sus respectivos padres fuera de su habitación y cerró la puerta. El ruido del choqué, aunque no hubiera sido necesariamente escandaloso, tampoco pasaba desapercibido.  Y fue como si, al cerrar la puerta, sus fuerzas se derrumbaran. Cuando el sonido del choque sonó, algo en su interior se derrumbó. Aeryn se sintió instantáneamente sola, aturdida y con miedo, más miedo del  que jamás había sentido.

Se obligó a sí misma a levantarse del suelo al darse cuenta que no solo las lágrimas bajaban de su rostro, sino que su cuerpo había empezado a caer apoyado a la pared. Se levantó y se acordó de Harry y de lo que había pasado, sobre todo cuando le había dicho que él la conocía. Se acordó de la cara de desconcierto de su amigo en ese mismo instante y decidió que tenía que aclarárselo.

Se levantó y cogió las fotos que tenía de cuando era pequeña, fotos que su familia creía que yacían escondidas en el desván de la casa. Aeryn empezó a buscar entre aquellas pocas fotos una que hacía poco le había llamado su atención, le sacó una foto y se la envió a Harry.

SMS “Tú me conoces, a mí, a la verdadera yo.”


No esperó la respuesta, de hecho, decidió apagar el teléfono. Cogió la foto que acababa de sacar de la caja, se sentó en la cama y la observó. En la foto aparecían dos niños de pequeños, una niña y un niño, no tendrían más de tres o cuatro años, quizá hasta cinco. Se sonreían el uno al otro, como si fueran los mejores amigos y acabaran de encontrar un gusano en el parque, como si fueran grandes investigadores.  La niña era Aeryn, eso estaba claro y el niño… el niño de las mejillas exageradamente grandes y con hoyuelos y ojos verdes… era Harry.


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Sé que he tardado un montón, pero no encontraba la motivación y, la verdad, me he planteado dejar esta novela (planteándome la idea de que mejor decepcionaros ahora que luego), pero la verdad, es cierto una cosa que una de vosotras me ha dicho... no sería justo para las que seguís leyéndome que yo me rindiera tan pronto. No lo es, y no quiero hacerlo, así que espero tener más tiempo y motivación para escribir estos días (vuestros grandes comentarios con opinión, etc son una gran fuente de motivación)

Para ayudarme en este mi viaje a la literatura (hoy me siento algo técnica), comentar:

-¿Qué os ha parecido este capítulo? ¿El/los descubrimiento/s?
-¿Es de verdad Harry el niño pequeño que conocía? ¿Qué pasará si es él?
-¿Es un sarpullido? okno, ¿qué creéis que pasará entre esos dos? o mejor dicho, ¿qué creéis que está pasando?
-¿Qué queréis que pase pero ya? JAJAJAJAA

Muchísimas gracias por todo vuestro apoyo de verdad, me haría mucha iluiçon que me ayudaráis a promocionar esta novelita inocente :)
Si comentáis por aquí, RECORDAR PONER VUESTRO TWITTER AL FINAL (ejemplo: @lamejorlectoradelmundo) 

GRACIAS! :)